Lucio Angulo quería celebrar su partido número 500 en la ACB de una manera especial, y lo consiguió, aunque seguro no de la manera que él esperaba.

El partido pintaba mal para su equipo, el arbitraje estaba siendo tremendo, digno de estudio, y todo hacía prever una nueva derrota del Lucentum en casa, pero esta vez contra el colista lo que dolía todavía más. Tras pitarle una falta discutible de ataque Angulo explotó. Primero se encaró con el árbitro lo que le costó la consiguiente técnica, pero no contento con eso seguidamente propinó al arbitro una serie de palmaditas en la espalda y la cabeza de manera mas bien sarcástica acompañadas de varios recordatorios verbales lo que le costó la eliminación y expulsión. Un gesto impropio de un jugador de su categoría.

Lucio salió entre aplausos y con la grada puesta en pie coreando su nombre. Mal, muy mal para mi gusto. Yo soy el primero en aplaudirle en todos los partidos pues a garra y entrega (coloquialmente conocido como coj****) no le gana nadie pero por un gesto así no creo que se le deba aplaudir a nadie. Los que conocemos a Lucio (digo como jugador no personalmente pues no tengo el gusto) sabemos que para ponerse de esa manera algo de razón llevaría, sin dudas, pero hay formas y formas. 

Igual quiso provocar una técnica para cambiar el rumbo del partido y del arbitraje, pero se le fue de las manos; no sé. Yo creo que más que contra las decisiones arbitrales Lucio descargó contra todo en general, y principalmente por la impotencia y desesperación de toda una temporada, y de todo un equipo donde la sangre y la raza brillan por su ausencia. 

Y es que ya se sabe que las celebraciones antes de los partidos nunca fueron buenas.