La LEB ha cumplido diez años y para celebrarlo nos ha regalado una de las ligas más igualadas, apasionantes y de mayor calidad de su corta pero intensa vida. La liga española de baloncesto es ya una realidad asentada y estable en el panorama nacional, llegando a ser incluso referente dentro de las ligas europeas, pues sin duda alguna estamos hablando de una de las cinco o seis mejores competiciones del viejo continente. Año tras año la calidad de la LEB va “in crescendo”. Por un lado jugadores de enorme calidad no dudan en aceptar ofertas de equipos LEB por delante de otras ofertas de equipos de primeras ligas nacionales pero de nula competitividad; y por otro cada vez más la LEB surte de jugadores y de promesas a los equipos de primer nivel ACB.
Con motivo de este décimo aniversario, y como hace tiempo ya comentamos en este blog, la editorial ZONA 131 EDICIONES DE BASKET S.L. publicó el libro I LEB THIS GAME (el cual os recomiendo), donde Kiko Martín, periodista, ex director de comunicación de la Federación Española de Baloncesto (FEB) y actual director de comunicación del Menorca Basquet, hacía un pequeño repaso a esta primera década de esta competición que nació como experimento y que a día de hoy poco tiene que envidiar al resto de competiciones.Con permiso de su autor, aquí os dejo las primeras líneas del epílogo con el que Kiko Martín cierra el libro y donde se resume a la perfección lo que fue el nacimiento de una de las mejores ligas de Europa.
MAYORIA DE EDAD DE UNA LIGA QUE NACIO HUERFANALa LEB tuvo que aprender a vivir sin el cariño de su creador casi desde antes de su nacimiento. La ACB la había ideado para completar la pirámide de competiciones en la que la liga EBA no acababa de dar la talla como categoría de plata del baloncesto español. Pero tras un breve periodo de gestación los clubes profesionales decidieron huir del parto de un invento tan coyuntural como necesario. Su postura, al fin y al cabo, era lógica. No habría sido muy normal que, como empresas que son, apostaran por aumentar el numero de competidores. Así que sus anhelos, desde aquella inolvidable primavera del 96, han ido más encaminados a cerrar su competición que a extender el deporte de la canasta por el territorio nacional.Por tanto la LEB nació huérfana de padre pero con una madre que aquellos momentos iba sobrada de ilusión aunque escasa de recursos. La FEB tomó el relevo y fue guiando a la criatura a través de diferentes fases de crecimiento: primeros pasos -dados con discreción-, estructuras apuntaladas -con bastante coherencia-, mejora de la autoestima de sus participantes hasta perder el miedo a la comparación con la ACB…




