El Real Madrid golpea primero, y según dice el refrán quien golpea primero golpea dos veces, así que veremos como sigue el desenlace de esta apasionante final. Por lo pronto el Real Madrid venció en el primer part
ido de la final en su feudo 69-62, en un pabellón repleto, con el público totalmente volcado con los suyos. Un Palacio de Vistalegre repleto, con 13780 almas animando sin parar, batió su record de ruido tras el último triple de Marko Tomas con 113dB.
Las cifras de audiencia también fueron espectaculares, por eso se entiende el interés de TVE en que llegaran a la final Madrid y Barça, ya que ningún otro enfrentamiento hubiera dado unos resultados mejores. 1.242.000 espectadores de media y hasta más de 4 millones en el minuto de oro de la retransmisión son cifras que dejan claro el tirón y el morbo que generan ambos equipos.
La final fue muy disputada e igualada, y podemos decir que hubo más emoción y tensión que calidad como lo demuestra el corto tanteo que reflejó el luminoso. Ambos equipos ganaron dos cuartos cada uno, pero el Real Madrid decidió en los momentos claves con sus jugadores de calidad. El Barça no fue el mismo equipo capaz de ganar en Vitoria de manera espectacular.
En esta ocasión Basile no existió y los únicos que llevaron a flote a la escuadra blaugrana fue la "Bomba" Navarro y Fran Vázquez. Sin lugar a dudas faltó algo de ayuda del resto de compañeros prácticamente desaparecidos. Por el Madrid el mejor fue claramente Felipe Reyes con dobles figuras (17 puntos, 11 rebotes), aunque también hicieron un buen partido Hervelle y Smith. Lo peor de los blancos fue su porcentaje de triples, con un triste 21%. Bullock 0/5, Smith 0/3, Raúl López 0/4, Tunçeri 0/3, son una muestra del pésimo día que tuvieron los hombre del perímetro de Joan Plaza. Sin embargo, con todo y con eso los blancos fueron capaces de ganar el encuentro.
Seguramente el próximo partido no tenga nada que ver con éste, y si el marcador se va a un resultado alto será mucho más favorito el Barça, ya que a los blaugrana parece que les gusta jugar partidos ofensivos, donde las defensas duras brillen por su ausencia.





