Pablo Prigioni: un ejemplo de crecimiento y éxito

Hace ya algunos años (concretamente en la temporada 2000-2001, primera en la que el C.B. Lucentum militaba en la Liga A.C.B.) se presentaba en el Centro de Tecnificación de Alicante el Baloncesto Fuenlabrada de los Perasovic o David Wood. Tuve el privilegio de poder vivir ese partido a pie de pista, colaborando con la A.C.B. en unas tareas de scouting. Entre tanta emoción y momentos de buen baloncesto, fuimos pocos los que pudimos observar que durante unos minutos saltó a la pista un chico joven y delgado que jugaba en la posición de base. Si por algo me llamó la atención ese jugador, fue por su manera de defender. No destacaba por su intensidad o agresividad, sino más bien por su colocación, anticipación y e inteligencia táctica. En cada jugada mostraba especial interés por intentar recuperar el balón, no sólo robándoselo a su propio hombre, sino también anticipando dónde iría el siguiente pase. En definitiva, tenía un instinto especial para robar balones. Durante el resto de la temporada, apenas pude seguir las evoluciones de este joven jugador. Lo que nunca había podido imaginar es que al año siguiente, cosas del destino, tendría la oportunidad de poder trabajar junto a él.

En la temporada 2001-2002, de vuelta a la L.E.B., tuve el honor de ser elegido como uno de los dos entrenadores-ayudante de Julio Lamas, junto al extraordinario Alfredo Alquézar, una excelente persona y amigo y un mejor profesional del baloncesto (quiero aprovechar este momento para desear que salga airoso de una grave enfermedad, lo que es sin duda el partido más importante de su vida). Para esa nueva andadura y con el objetivo de estar entre los primeros equipos de la competición (y, por qué no, retornar a la A.C.B.) el club decidió apostar por un joven jugador llamado Pablo Prigioni para ocupar una de las dos plazas de base, junto a David Gil. Sí, se trataba del mismo jugador que el año anterior había visitado el Centro de Tecnificación en las filas del Alta Gestión Fuenlabrada y que tan buenas cualidades defensivas había demostrado. Comenzaba así la andadura de este jugador en las filas del Lucentum, que dos años después decidiría dar un salto cualitativo en su carrera fichando por el TAU, club donde ha conseguido sus mayores logros deportivos.

Por tanto, me atrevo a decir que, a la hora de escribir algo sobre Pablo, juego con algo más de ventaja que otras personas. Aunque eso no quiere decir que pueda y deba transmitir mucha de la información que puedo tener producto de la convivencia con él en esa temporada. Además, ha llovido mucho desde entonces hasta ahora que, como todos sabemos, ha sido elegido el mejor base de la Liga A.C.B. por segundo año consecutivo, formando parte del quinteto ideal de la competición. Si por algo puedo destacar a Prigioni es por la evolución que ha tenido en su juego a lo largo de estos últimos años. Sin duda, la cantidad de experiencias que un jugador pueda tener no implica que se vaya a producir un crecimiento en él acorde a las mismas. En el caso que nos ocupa, puedo decir que los años de experiencia en la carrera de Pablo le han servido para ser mejor jugador y afianzar su estilo de juego y no para cambiarlo radicalmente. A pesar de lo exigente de llegar y mantenerse en la élite, ha sabido adaptarse a las diferentes situaciones competitivas y al rol que ha desempeñado en cada una de ellas. En definitiva, a esa apuesta arriesgada de intentar incomodar continuamente al rival con acciones defensivas que buscan recuperar el balón y sacarlo de su ritmo de juego y a esa responsabilidad en ataque que supone controlar el ritmo del partido y hacer que el equipo juegue como su entrenador quiere, además de repartir juego a grandísimos anotadores como Perasovic, Scola, Planinic, y asumir ese rol de anotador en momentos importantes del partido, le ha ido incorporando una progresiva madurez a la hora de medir el riesgo que conlleva, en cada momento, tomar esas decisiones.

Indudablemente, adquirir este nivel de juego que le ha llevado a ser nombrado mejor base de la liga y a contar con un puesto fijo en la selección argentina, no está al alcance de muchos deportistas. En él, confluyen una serie de características que le han llevado a conseguir estos logros y que, a continuación, resumo:

Grandes cualidades físicas que le permiten rápidos movimientos en cortos espacios de terreno y defender con el centro de gravedad bastante bajo. Además, posee una capacidad de salto en extensión que le ayuda a dejar bandejas ante hombres grandes que han ido a la ayuda.

Un sentido y gusto táctico por el juego que le ha ayudado a entender mejor el baloncesto y a optimizar las decisiones que ha ido tomando a nivel individual y colectivo tanto en ataque como en defensa. Sin duda, tener día a día a compañeros de trabajo como los que ha tenido, le ha obligado también a ello.

– Buena base de técnica individual en fundamentos como el dribling, el pase y el tiro. Se trata de un jugador muy bien coordinado que maneja el balón con ambas manos perfectamente, lo que le permite leer muy bien el juego cuando lo está manejando. Además, maneja a la perfección conceptos del pase como son el tiempo o el tipo de pase. Por último, posee un lanzamiento exterior de garantías y es un gran penetrador.

– Una fuerte personalidad caracterizada por su nobleza, competitividad y actitud cooperativa, lo que le ha llevado a superarse cada día en su trabajo y a ejercer mejor el rol de base. Sin ella, le habría sido imposible seguir creciendo cada año y haber podido mantenerse en la élite hasta el día de hoy.

 

Podría escribir páginas enteras de este magnífico jugador y persona. Pero, como no es mi intención aburriros, sino, más bien, haceros llegar mi visión acerca de éste y otros temas relacionados con el basket, me gustaría concluir augurando, aún, una larga carrera en Pablo Prigioni, ya que, si bien sus condiciones físicas irán decreciendo con el paso de los años, podrá sustituirlas por una inteligencia que no ha hecho más que crecer producto del provecho que ha sacado a cada una de sus experiencias dentro y fuera de la pista. ¡Que así sea!          

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