National Boring Association

Ayer comenzó el mayor espectáculo del mundo entero (y parte del extranjero), con permiso del circo, claro: la NBA. Un año más miles de españoles padecerán de insomnio, digital plus mediante, a causa de partidos tediosos a altas horas de la madrugada. Y por si el castigo no fuera bastante, esas largas noches de escaso, y en su mayor parte aburrido, baloncesto seguirán amenizadas por la regular (ni bien, ni mal) narración de David Carnicero y los interesantes y lineales comentarios de Nícola Loncar, y el invitado especial de turno.

Y es que la que muchos llaman “la mejor liga del mundo” desde mi punto de vista (ni mejor, ni peor, solo diferente) es sin duda una de las “ligas más aburridas del mundo”. El atractivo de la NBA jornada a jornada, durante su eterna fase regular, se podría resumir en un vídeo semanal de aproximadamente hora y media en el que se mostraran las cuatro jugadas ofensivas, cero defensivas, cuatro asistencias, ocho tapones y trescientos quince mates realizados durante los siete días de competición. Eso si, a una hora decente. Por pedir que no sea.

No pongo en duda la riqueza visual del baloncesto americano, cuya espectacularidad es la base del producto, pero cuando un partido de cuarenta y ocho minutos se puede resumir en cinco canastas “geniales”, algo falla. La riqueza táctica, que no técnica, del baloncesto americano últimamente viene siendo escasa tirando a nula, pasando a ser su mayor activo por defecto el sistema “mi, me, conmigo”, basada en la inspiración divina de la estrella del equipo o en su defecto el portador del balón. Una riqueza bastante escasa para la “mejor liga del mundo”, lo cual la convierte en un espectáculo monótono y previsible.

Luces, cámaras y acción sobran a la NBA, pizarras ninguna. Responsables de la NBA, por favor inviertan en ese otro tipo de riqueza. Gracias

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