El partido contra el Fuenlabrada de la última jornada me dejó con la boca abierta (todavía tengo en la retina el segundo cuarto del amigo, con dos triples y un mate estratosférico). Este desconocido alero polaco de veinticinco años se ha convertido para mi gusto en una de las gratas sensaciones de la primera vuelta de la liga.
Y es que hasta su contratación por el Caja San Fernando esta temporada muy pocos habíamos oído hablar de Michal Ignerski. En verano pude verle jugar varios partidos del preeuropeo con su selección por la televisión polaca (Dios bendiga el canal satélite digital), donde junto con Wojcik (otro viejo conocido) eran los únicos destacables del equipo polaco, pero es que tampoco hacia falta mucho para destacar en ese equipo. Apuesta personal de Manel Comas, Ignerski solo había jugado en la liga polaca, a excepción de un fugaz paso por la liga portuguesa, y dos años en la NCAA, por lo que su rendimiento en una liga de alto nivel como la ACB era toda una incógnita.
Incógnita que se ha en cargado de desvelarnos en solo diecisiete partidos. Como características principales podemos decir que es más largo que un día sin pan, con 2’05 metros de altura y unos cuantos centímetros más de envergadura lo cual provoca que sea un alero atípico y muy difícil de defender para los aleros rivales. Posee un tiro de media y larga distancia bastante aceptable el cual selecciona bastante bien, siendo así un complemento perfecto para Videnov en ataque (pues este se tira a su abuela si le dejan). Bastante correcto en defensa quizás este sea su punto más débil pues tendría que hacer valer mejor esa envergadura para intimidar a los aleros rivales y ayudar un poco más a su equipo en rebotes (solo 4’4 por encuentro). Sin lugar a dudas Ignerski ha callado a todos los que dudaban de su capacidad para dar la talla en una liga de primer nivel.





