La defensa; ese gran desconocido. | 24segundos.com

La defensa; ese gran desconocido.

No se por donde empezar. Estas lí­neas me queman en los dedos desde anoche. Ojalá todos los partidos fueran como los dos de ayer. Primero cayeron Sergio, Poli, Rafa Lucio y Fran. A continuación cayeron Víctor, Javi, Pepe y juraría de Chicho, (lo siento, la edad). Dos equipazos con dos tí­os especialistas en canastas difíciles de defender. En frente nosotros, con todas nuestras miserias al descubierto. José y Mariano tocados (al margen de su achacoso estado crónico) y demasiado nobles para este cometido, Roberto, con su falta de reprís llegando un segundo tarde a cualquier sitio y con poca confianza en su forma de ver el basket (amigo eres una esponja y vas en el camino correcto, solo te falta sacar codos), y yo sin tobillos, sin confianza alguna en mi tiro y con mi alarmante hipoxia, que exagera, cada semana más, mi ratio negativo de robos/perdidas debido, en parte, a mi manifiesta cerrajón en arriesgar buscando la lí­nea de pase imposible (que por otra parte cuando se consigue, para mí­ es orgásmico). Vení­amos de perder dos partidos dejándonos remontar un 4-0 y un 4-1. Defendíamos bien, pero faltaba ese plus. Bastaron 20 segundos para organizar la Coral. 20 segundos para engranar lo que se barruntaba desde el primer partido: Si no haces las cosas concentrado, no las hagas

La defensa no tiene sentido vista desde la individualidad, éramos cuatro tí­os intensos, dejándose la piel en cada partido, pero desorganizados. Remábamos todos, pero en sentidos distintos. Ordenar este sindios era prioritario. El primer partido de la tarde fué intenso en defensa (entrando Chicho por José) pero de una intensidad  mal entendida y desbocada, que hizo que ganáramos el partido por cojones. Al final siempre nos descuadrábamos, omití­amos ayudas y confundíamos términos; y nos la clavaban. A partir de ahí­ el equipo se desesperó y parecí­a que la espiral hacia el infierno, se iniciaba.

José llegó en un momento bastante malo. El desánimo consigue convertir la probabilidad en certeza. La peor de las opciones que piensas que va a pasar, tiene todas las de ganar cuando te dejas llevar. En esos momentos, el primero que se va casi siempre es Mariano, le jode que las cosas no salgan bien. Después siempre le sigue Jose que se infravalora una y otra vez, cuando si quiere, es indefendible. Sólo me quedaba Roberto y me aferré a él como una lapa. Me encanta que caiga en mi equipo, siempre lo he dicho. Con darle al interruptor pone la máquina en marcha y se sube a la Noria.

Ganamos el partido en la cancha de perdedores (de la que habí­a pocas posibilidades de salir) a base de cojones y de una falta antideportiva mí­a a Victor, de la que me arrepentí­ antes de caer al suelo. Parecí­a que íbamos a ser pasto de los depredadores, pero las ganas…las ganas y la fe hacen todo más fácil.
Como he dicho, unas palabras, un estudio rapidísimo del rival y sus virtudes, una forma solidaria de reparto de trabajo, y el “MiniLimoges” empieza a funcionar. Dejamos de un lado los egos (mas bien todavía no habían aparecido), nos sacrificamos, nos multiplicamos, nos dimos la vuelta como un calcetín, rotamos en ayudas como verdaderos perros. En una palabra: DEFENDIMOS. Defendimos como todavía no se había visto en ese campo. Alargamos el partido hasta la desesperación. En los dos partidos que se eternizaron, solo recuerdo un tiro cómodo de Rafa en un rebote largo y un triple de Poli, al que flote (dudé un segundo). Dos partidos para el recuerdo, en los que no se hizo ninguna concesión al otro equipo; NINGUNA. Fueron sólo dos partidos. Pero que dos partidos.

Estoy orgulloso de haber estado en ese equipo Heleno-Pampero. No fue importante quien hizo qué, ni como lo hizo. No importó quién fallo canastas fáciles, ni quien metio las imposibles. De hecho no me acuerdo de ningún ataque. Escondimos todas nuestras miserias fí­sicas para dejar paso a la fortaleza mental. Confiamos en todo momento en nosotros y en la victoria, confiamos en que el compañero iba a estar al lado en cada momento y cuando nos quisimos dar cuenta, éramos uno sólo contra cuatro. Hací­a falta amalgamar esas cuatro intensidades en una sola. Eso en definitiva es la defensa. Eso hace que todos tus defectos, parezcan menos. Te vuelves un martillo pilón, al que no le importa necesitar dos o cien golpes para clavar un clavo, sabes que al final lo vas a conseguir. Sólo tienes que “lograr” que el otro no lo “consiga”. Es así­ de fácil.

Siempre me ha gustado la calidad, siempre me ha gustado el showtime. He disfrutado de jugones durante dos décadas de baloncesto. Pero nada me ha puesto los pelos más de punta, que ver a Creus meter ese último tiro libre. Ver a un equipo jugar y defender como si no hubiera un mañana, me emociona hasta hacerme estremecer. La solidaridad, la pillerí­a, la inteligencia y la fe en si mismo para sacar lo mejor de cada uno, es lo que se tendrí­a que potenciar al llegar a la edad de Junior, donde tanto jugador se pierde en su ego, quedándose en el camino. Tal vez por eso me alegré tanto cuando ganó el Limoges. Tal vez por eso soy de los Celtics.

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