La crónica del Dr. House. El agujero negro

El ser humano es una entidad compleja e imprevisible. Somos tan sorprendentes como únicos. Muchas veces en el discurrir de los tiempos nos encontramos con personas que nos recuerdan a alguien conocido y dejado atrás: repiten actitudes y patrones, pero en seguida vemos que son entidades propias. Los estímulos-respuestas cambian según hacia donde te dirijas. La magia de la humanidad es la riqueza de su diversidad. Y este gen es peligroso. Ese factor de desequilibrio que unos llaman suerte, otros sentido común y otros intuición es tan voluble como los caprichos de un niño y a menudo nos hace tropezar en contra de nuestros deseos e intenciones.

La oscuridad que veíamos en el cielo el miércoles no eran nubes cargadas de agua y si los tiempos fueran otros, nuestro chamán hubiera recomendado que cada cual guardase sus pensamientos en casa. Sin embargo, los instintos nos dominan y una semana más nos dejamos arrastrar por la llamada de la canasta. Ahora vagamos sin rumbo ni capitán y nos sentimos desamparados, como náufragos a la deriva en el océano sin un tronco al que asirse. El pozo de antimateria que en ocasiones dirige nuestros actos robó el ensueño que amalgamaba a 16 desconocidos. Esta es la crónica que nunca quise escribir y ahora que el día ha llegado, apenas confío en que sabré hacerlo.

Por qué ha de resultar todo tan complicado, por qué nos movemos en estos tiempos indecisos que nos llevan a no saber quién somos ni qué hacemos. La tarde que debió ser una alegría plena por el advenimiento de la “cocacola sin cafeína” (lo siento, coke, ya tiene nombre forero) los pachangueros nos dedicamos a meternos en el fango…

Hasta aquí la introducción de la vieja crónica. ¡Qué pereza da desembarazarse de los vestigios! (sobretodo si se ha invertido esfuerzo)
Los pachangueros son tan imprevisibles como ñoños. Alguno está preparando oposiciones a oso amoroso y hace horas extras. El enfado-malentendido express, ha devuelto las aguas a su cauce y nos ha permitido respirar tranquilos, vivir felices y comer perdices. Quizás todo esto nos sirva para aprender algo.

Al lío.

Baloncesto. En mayúsculas, silabeado, da igual. Deporte de equipo por antonomasia. Aunque, no siempre. En las pachangas, el espíritu se ha ido apagando hasta convertirse en un fuego fatuo que sólo adquiere fuerza en ocasiones o partidos puntuales. La gloria perpetua del gol en fútbol, el punto ganador del tenista, la destreza al volante del piloto… hacen mella en nuestros subconscientes y hoy por hoy parece que recuperar un balón, hacer una ayuda o lanzar un contraataque son méritos inferiores y despreciables al lado de una canasta. Error que se prolonga más allá del campo. Llevar agua es una nimiedad; aportar balones para el juego y el calentamiento nada del otro mundo; reservar la pista, una obligación; pagar las reservas, un engorro…

La parada al final de este camino no es halagüeña. Reflexionemos, por favor.

El juego.

La tarde del miércoles guardaba un pronóstico de lluvia del 100%. Eso bastó para que la mayoría inclinásemos la cabeza y buscáramos otra ocupación. No Fran, sin embargo. Haciendo honor a su nick (¡ay, karakol!), olfateó el aire y realizó su predicción. “Hasta las diez no llueve”. Dicho y hecho. Un prodigio de erudición y una fe sin fronteras. Mariano, aun engañado por sus propias visiones, reaccionó presto. El pueblo habló. Y el Garbinet nunca imaginó la que se le venía encima. Desde hoy nuestro nuevo barco, que nos permitirá surcar los desánimos de las tardes de miércoles.

Siguiendo el ejemplo de nuestra federación de fútbol, los equipos se hicieron a dedo. Es una buena opción para las pachangas, más efectiva que el tiro libre para buscar el equilibrio.
Las primeras formaciones:
Grises: Mariano, Jovenalumno, Suburu, Pepenc y Rafa.
Azules: Edith, Roberto, Drmoon, Pipo y Roger.

Soy sospechoso de imparcial, lo sé, pero los Azules fuimos mejores. El tímido arranque de los Grises se silenció pronto. Con el acuerdo tácito de no lanzar correcalles en los primeros compases, el equipo azul se fue asentando de a poco. Daeron y el Drmoon se repartieron las tareas de base y el resto del equipo se encargó de aprovechar los pases e ir prolongando la ventaja hasta la victoria.

Para el segundo, se introdujeron cambios. Fran entró por Mariano y Sergio por Rafa. Roger y Pipo ya se habían repartido los papeles protagonistas en la zona. Edith llevaba al hombro el rifle de francotirador y los extraños bases siguieron tirando del carro. Con el plus de contar con un veterano a quien dirigir las miradas y los balones en los momentos de atascos. El Doctor ejerció de líder y a él nos aferramos en más de una ocasión para recuperar el norte.
Del otro lado de la pista, los problemas pasaban por el interior. A Sergio no le gusta jugar por dentro y se nota. Pepenc es otro de esos impagables especialistas exteriores que se diluye en el interior; y sólo Suburu mantenía el tipo con movimientos que parece que sólo él practique. La dupla Jovenalumno-Karakolillo no consiguió mover a los suyos en ataque y los Azules conquistaron la segunda victoria de la tarde.

Entre medias se forjó el inicio de: el cabreo de Mariano. Hoy, hay para todos. En el fondo, Mariano tenía razón o yo, al menos, se la doy. A esas alturas éramos 16 jugadores. El ideal era competir con dos partidos de 4×4 (todos juegan). Pero también lógico, concluir el partido que teníamos entre manos. Hasta aquí todo bien, lo que nunca supe ni comprendí es por qué no se llegó al 4×4…

El tercero de la tarde tuvo como protagonistas al equipo Azul y al RafaTeam. Con un puñado de amigos bajo el brazo, Rafa confeccionó su propia formación para dar juego. Eran altos, fuertes y rápidos; y los ecos de guerra se introdujeron en los oídos de los rivales.
A su favor y a priori, los Azules sólo contaban con la racha y la moral. Activos insuficientes. Por eso tiraron de casta. El cerrajón en la zona alimentó la ofensiva. La táctica clara, simple y antigua. Contra un equipo mejor: dos triples y una canasta. Lo primero en llegar fue la canasta; de Víctor. Después Daeron y Edith, ya saben. Creció tanto el equipo azul en todos los aspectos que para el siguiente llevaba estocada y media.

Mariano se marchó a esas alturas más cabreado que un mono (que se suele decir). Era su momento de retomar el juego, pero ya no estaba por la labor. El frío del otoño se mete en los huesos y a veces uno siente como se envenena su ánimo. El balón es el eslabón que nos mantiene cuerdos y nadie debería estar alejado de su tacto más de un partido.
Aunque hay otros males en el mundo. Qué se lo pregunten a los Azules. Pecar de lo que no se sabe hacer se paga caro. Pases imprecisos sin mirar, lanzamientos en condiciones antinaturales, recelos en la circulación de balón… amarga condena. Cada uno sabe lo que le sobró y le faltó. Más, si los grises probaban a respirar como uno sólo. Gran defensa de ayudas. Magnifico esfuerzo y desastrosa suma de contraataques desaprovechados. Pero los azules habían rechazado el juego en equipo y en la guerra individual, unos arrastraron a los otros. El cuarto de la tarde fue con merecimiento para los Grises.

Tiempo del quinto. El RafaTeam se sabía poderoso y se cuestionaba en qué modo había caído. Los Grises festejaban su primera victoria y se olvidaron de remar. El RafaTeam impuso el poderío físico y destrozó desde los cimientos a su rival en la zona. El número 4 se desató como coloso. Victoria fácil que maquilló Jovenalumno con su triple a tabla de cada día.

Sexto y último. El Drmoon dejó huérfanos de veteranía a los suyos, que reaccionaron con rapidez incorporando a Sergio. La consigna estaba clara: abordar la zona como si fuera el mayor tesoro. Asestando mandobles a diestro y siniestro, sin medir si era amigo o enemigo, el trío Sergio-Pipo-Roger se hizo valer y escuchar. Los rebotes seguían pegados a las manos del 4, pero las canastas no llegaban. Sudando sangre se consiguió un 4-3 favorable al RafaTeam. La victoria estaba a tiro de tres. Sólo tres manos tocaron la pelota desde que se inició el ataque Azul hasta que el esférico bailó abrazado a la red. No hace falta relatar de quien fue la mano ejecutora. Para más información, consultad los premios.

Esta ha sido una crónica extraña que he debido reescribir hasta en tres ocasiones. Seguro que he pasado por alto numerosos lances del juego que muchos recuerdan y sienten como una ofensa el que no haya mención alguna. Aun así, quiero pedir la reflexión de los Hechos que sucedieron y todos recordamos y la manera en que se resolvieron. El camino está ahí para que cualquiera se una; y guardar para que el río no desborde es deber de todos. Mis felicitaciones a todos por sus esfuerzos y buenos propósitos, pero que esto no nos haga perder el sentido crítico y cavilante.

Premios Daeron. Edición 10

Mayor progresión: Sergio (y su progresión fue del tercer-cuarto al quinto partido. Metió su canasta y se vino arriba como bien le recriminaban sus “excompañeros”. Amén de triturar los brazos de los rivales bajo el aro)

Envíos express: Roberto (porque entre que no tengo dribling y no tengo velocidad, cuando juego de base cualquiera que se mueva se pone las botas)

Mejor defensor: Roger (repartió como otros, pero a escondidas, como se debe hacer. Y derrochó esfuerzo. Me ha convencido Mariano, Roger es el Felipe Reyes de nuestras pachangas)

Manos, me siento traicionado: Fran (el último MVP moral a votación popular, ni siquiera pudo optar a disputar el galardón esta vez debido a su inconsistencia en las contras. Malos porcentajes de tiro en disonancia con su ritmo y su hiperactividad)

Psicólogo en pista: DESIERTO (de haber tenido uno, nos habríamos ahorrado muchísimas palabras y alguna página en el foro)

El rock and roll nunca muere: Pepenc (porque las ganas de jugar le pudieron y cuando se disponía a regresar al hogar se enfundó el mono de jugador y ayudó a su equipo a romper la racha de los azules con un gran triple)

Codos, para que os quiero: Amigo de Rafa nº1 [el de rojo] (seguro que él no quería y la ausencia de visión jugó en su contra, pero la tendencia a desplegar alas contra cualquier atisbo de bloqueo le ha hecho merecedor del galardón)

Si lo sé, no tiro: Mariano y Suburu (es una metáfora, el que se vea capacitado que la pille)

Pincho de merluza: amigo de Rafa nº2 [el de gris] (se veía venir. Se movía por la pista con tres marchas más que el resto y eso solo podía acabar con un mate o un gorro estratosférico. Fue lo segundo. La víctima: Fran)

Jugada de la semana: Edith [el triple ganador] (Sergio sube el balón hasta el campo contrario y, a lo Berni, se la quita rápido de encima entregándosela a Daeron con una consigna –mover la pelota–. Daeron, con el modo visión periférica ON, aprecia de soslayo que Edith con su paso gracil y silencioso recorre la zona por dentro de esquina a esquina; y en el momento exacto en que toma contacto con la línea de tres envía el balón para que ella haga gala de su maestría. Recibir y lanzar en cosa de milésimas. Triple ganador para cerrar la pachanga)

Quinteto de la semana: Edith, Drmoon, Daeron, Pipo, Roger

MVP: Edith (valorando mucho más que un triple ganador)

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