La crónica de Dr. Vilches: Cuando el hombre se siente solo | 24segundos.com

La crónica de Dr. Vilches: Cuando el hombre se siente solo

A punto de cruzar el umbral que me llevaría a una nueva pachanga, me sentía el hombre más desdichado del mundo: incapaz de sacar adelante cualquier contratiempo que pudiese surgir; un animal herido moralmente, esperando el golpe de gracia. Había sufrido, pasado noches en vela y aguantado miedos estúpidos. Me abrí a una soledad que solo dos cosas son capaces de destruir: el deporte y los amigos.

Esta es mi historia.

Dispuesto a resurgir como el ave fénix, crucé la puerta del 12 Bridges y me enfundé el traje de pachanguero, vestimenta que implica responsabilidad, esfuerzo y entrega; imposible hacer frente a tales solicitaciones con la cabeza baja. Observando a mis compañeros anotar los tiros libres notaba como poco a poco algo crecía dentro de mí: el hambre de ganar y hacerlo bien. Tenía que alimentar a esa bestia, y estaba dispuesto a todo. Desaproveché mi oportunidad de empezar en la cancha Este. Pero no desfallecí, quedaba mucha tarde de baloncesto.

Mi equipo, formado por Edith, Pipo, Pelucho y un servidor, apostó desde el inicio por dar el máximo: peleando cada pelota, cada rebote e intentando aprovechar cada lanzamiento para acercarnos a la victoria y conseguir la gloria. Tras un primer partido en el que la suerte acompañó mis lanzamientos, se agrandó la fama de Edith tomando el protagonismo ofensivo. Vuelve a demostrar que si la dejan suelta puede acabar con cualquier equipo en un abrir y cerrar de ojos.
Por desgracia caímos en la cancha y nos tocó volver al pozo de donde sin valor, no se puede salir. Con la entrada de Chicho por Edith, nadamos contra corriente con todas nuestras fuerzas ansiando un lugar en el Olimpo, pero el destino quiso que sólo ante mi descanso obligatorio, se lograse el objetivo. Lo dijo Pelucho: “se fue el gafe y ganamos”; el gafe era yo, pero ya no sentía pesar, sino orgullo por mi esfuerzo.

Y llegó lo nunca visto.

Un anfitrión se define por las pequeñas cosas y los grandes dispendios. Cocacolo tomó las riendas del equipo: Daeron, Mariano y Proc obedecieron al maestro a pies juntillas. Aunque en ese momento no eran conscientes, consiguieron lo que muchos sólo sueñan en lo más profundo: entrar en la historia con letras de oro. Los corrillos tácticos dieron a luz a cuatro espartanos que abrieron la mente a todos los que una vez han creído que defendían al límite. Cuatro almas unidas en un espíritu defensivo, afrontaron cada contienda como si de la batalla de las Termopilas se tratase. Nada quedó con vida a su paso. Asombrados, nos permitieron asistir a partidos interminables repletos de pundonor. Con un juego alejado de florituras donde preponderaba la casta y el sacrifico, sacaron adelante situaciones imposibles en las que desperdiciaban una y otra vez trabajadas opciones de tiro. Este miércoles, aprendí una gran lección de juego en equipo.

Pero éramos 18

No olvidaremos otro gran cuarteto: Rafa, Karakolillo, Poli y Sergio. Espoleados por la última adquisición pachanguera: Poli (muy buenos movimientos y sensaciones); y todo un portento de la canasta: Sergio (impagables sus reversos), tuvieron su espacio de gloria y reinaron en varias ocasiones.

Y aún quedaba un cuarto equipo capaz de aportar intensidad y calidad a la tarde-noche de juego. El último de los cuartetos y no precisamente el menos bueno: Sansonero, Dr.moon, Roger y Pepenc. El día que Cocacolo y los suyos se hicieron mayores, estos eran sus rivales en pista y de no haber sido así, no se valoraría tanto el esfuerzo desprendido. Como bien expuso Cocacolo en su brillante artículo: Sansonero y el Dr. constituyen dos amenazas constantes de cara al aro. Y no se les puede dejar respirar si uno quiere tener alguna oportunidad. Si además se les unen: el trabajo de Roger; y la versatilidad de Pepe; no es de extrañar que también probasen las mieles del éxito.

Y Dios creó la luz

Porque todos debimos sospecharlo. Si es capaz de disfrazarse de McGuiver porque no iba a hacer otro tanto de Ivanovic. El electricista-comadreja nos permitió disfrutar hasta el último minuto de nuestras dos horas de juego, pese a la oscuridad reinante. Y a la luz de los focos alimentamos esperanzas y vimos caer a Pelucho, presa de un mal gesto y del frío de los parones. Fue la mancha que empañó la tarde. Amén de la disputa con los chicos del fútbol. Por favor, señores, reconsidérenlo: los miércoles se disputa la Champions. ¿No preferirán acaso acudir a jugar los jueves?

Pero no concluiré sin desear en nombre de todos a Pelucho que se recuperé lo antes posible. Un saludo a todos y enhorabuena a los premiados.

Premios Jovenalumno

MVP: Edith, demostrando que tiene talento de sobra, a ver si regala algo.
Si lo se no vengo: Pelucho (recupérate pronto); labio de Daeron y ceja de Pipo, que dos ostias…
Hayqueponerlehuevoesdefensta.com: Cocacolo, demostrando que con cojones todo se puede conseguir.
Se le añoró: Suburu, y es que las pachangas no son lo mismo sin nuestro preciado jefe dándonos órdenes, aunque después nos las saltemos.
No me hace falta abuela: Mariano, que la abuela es totalmente suya como ya dijo en su momento.

Premios Daeron. Edición 8

Mayor progresión: Rafa (a lo tonto, se puso las botas. Posteó con inteligencia y buscó tiros a media distancia. Buena tarde de juego. Hay que seguir así)
Donde pongo el ojo pongo la bala: Edith (un día más demostró la calidad que atesora como especialista en el tiro. No perdona)
Envíos express: Mariano (siempre tiene en la cabeza pasar, buscar al mejor colocado y hacer jugar al equipo. Da gusto ir con Mariano)
El rock and roll nunca muere: Pelucho (esa maldita lesión fuera de hora no va a poder contigo, que los tienes muy bien plantados)

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