Javier Lucas: el principio del final de un largo camino | 24segundos.com

Javier Lucas: el principio del final de un largo camino

[email protected] [email protected], quería comenzar este artículo planteando una cuestión que deJavier Lucasbe hacernos reflexionar acerca del tema que quiero compartir hoy con vosotros: ¿Cuántas veces podemos leer o escuchar en cualquier medio de comunicación alicantino que se echa de menos que gente de la tierra o, lo que es lo mismo, chicos de la cantera, puedan jugar en nuestros clubes de élite? Los medios de comunicación tienen un papel muy relevante en la denuncia social de éstas y otras cuestiones. Pero deben ser consecuentes con su propia razón de ser. Y es que, recientemente, tan sólo unos pocos nos hemos podido hacer eco de una fantástica noticia: una de las jóvenes promesas del baloncesto alicantino ha conseguido, por primera vez en la historia de nuestro baloncesto, hacerse un hueco entre los doce seleccionados por Juan Antonio Orenga para disputar el Campeonato de Europa Sub-20 de Baloncesto. No es otro que Javier Lucas, ese chico delgado, desgarbado y pelirrojo que juega en la posición de ala-pívot y del que ya os hablé hace algunas semanas en el artículo acerca de las claves que proponía para retornar a la A.C.B.

Sin duda, se trata de una magnífica noticia que, para mí, no ha trascendido de la manera que debiera hacerlo. Y es que se trata del primer resultado de especial relevancia de un trabajo que comenzó hace siete años con la llegada de la que es, sin duda, la persona que mayor influencia positiva ha causado en el desarrollo del baloncesto de formación en Alicante y que no es otro que Alfredo Alquézar, un excelente profesional y persona que llegó desde Huesca de manos de Andreu Casadevall con la intención de implantar una nueva filosofía de trabajo en las categorías de formación del C.B. Lucentum basada en la aportación que las ciencias de la actividad física y el deporte hacen al baloncesto. Se trataba de un cambio radical en la forma de entender cómo debe gestionarse deportivamente la formación de un jugador de élite, enfocando científicamente las diferentes etapas por las que éste debe pasar, desde la selección de talentos hasta el último peldaño que debe subir antes de llegar a la gloria. Posteriormente, fue Andreu Rodilla quién tomó las riendas de la cantera lucentina y en su propia gestión se encuentran los primeros informes que hablaban de un chico de Muro de Alcoy que tenía unas inmejorables condiciones para jugar al baloncesto. No era otro que Javier Lucas. Fue al siguiente año, con las riendas de la base del club de nuevo en las manos de Alfredo Alquézar y de mi mismo, cuando, tras duras negociaciones con la familia del chico, conseguimos convencerlo para empezar a trabajar con nosotros, desechando una importante oferta del Pamesa Valencia. ¡Ahí empezaba todo!

No es mi intención en este artículo centrarme en el caso de Javi Lucas, sino más bien reflexionar acerca del papel que en muchos clubes juega la cantera y cómo ésta debe ser gestionada. El tema no es fácil de enfocar, pero me gustaría comenzar apuntando que los clubes, en la mayoría de las ocasiones, no son consecuentes con lo que dicen “es su filosofía”. Como dice un buen amigo, “las verdaderas intenciones se muestran con hechos, no con palabras”. La verdadera filosofía de una organización se plasma en acciones, en la manera de invertir sus recursos y energías. Y a la hora de la verdad, cuando hay que asignar recursos a las diferentes parcelas de un club, suele dejarse en un segundo plano a los más jóvenes. Vivimos, posiblemente, en una sociedad en la que nos exigen éxito de la forma más rápida posible y el trabajo de cantera es un trabajo largo e intenso, que da sus frutos a medio-largo plazo; ¡pero qué frutos! Además, son muchas las ventajas que reporta a un club el hecho de trabajar la cantera, no sólo deportivas, sino también sociales o económicas. Y ninguna de ellas está reñida; se puede combinar, dentro de una misma filosofía, la consecución de diferentes objetivos.

Si entramos en materia estrictamente deportiva, existen, todavía hoy, grandes lagunas en la forma de crear jugadores de élite. Me parece triste escuchar de la boca de profesionales de grandes clubes que “el talento es lo único que decidirá si el joven deportista llegará a competir en la élite”, obviando el hecho de que gran cantidad de factores internos y externos al deportista y que influyen positiva o negativamente en su formación y rendimiento deportivo pueden ser trabajados y controlados por técnicos cualificados. Es evidente que todo comienza con la selección de buenos talentos sobre los cuales se ha de aplicar un trabajo serio y bien planificado, pero no es menos cierto que chicos con menos condiciones que otros han acabado jugando en la élite, mientras que los que más prometían se han quedado en el camino. Hay que preguntarse por qué ocurre esto: Posiblemente y, en ocasiones, sean factores difíciles de trabajar y controlar por el club, aunque no siempre es así. Yo, incluso, voy más allá cuando un jugador joven consigue llegar a la alta competición y planteo siempre la misma cuestión: “Este chico es lo que es, pero ¿y lo que podría haber sido?”. Con ello quiero decir que, independientemente del talento que pueda atesorar un potencial jugador de baloncesto, el entorno del que se le rodea durante su formación juega un papel muy relevante en la consecución del objetivo final, que no es otro que el de hacer que aflore todo su potencial para poder competir al más alto nivel. Me parece injusto y conformista cargar toda la responsabilidad del resultado final sobre el jugador.

Y más de uno se preguntará: ¿Y cuál es tu apuesta? Pues bien, el camino por el que yo apuesto viene marcado por el iniciado en el año 2.000 por Alfredo Alquézar y que está basado en la aportación que las ciencias de la actividad física y el deporte hacen al baloncesto. Factores tan decisivos en el rendimiento como el físico o el psicológico, pueden ser trabajados desde las teorías que la ciencia va aportando al deporte. El aspecto técnico-táctico, desde un punto de vista científico, es más difícil de trabajar, ya que no existen estudios relevantes al respecto. Debemos conformarnos con la experiencia de los años para ir adaptando un método de trabajo a cada etapa de formación.

En definitiva, que ser consecuente con lo que uno va pregonando requiere de algo más que palabras. Los esfuerzos deben ir, no sólo encaminados a seleccionar grandes talentos sobre los que incorporar un trabajo, sino también en mejorar cualitativamente el proceso de entrenamiento del futuro profesional del baloncesto. A pesar de todo lo dicho, sin duda el caso de Javier Lucas no es casualidad y representa el esfuerzo de toda una organización por intentar crear una “factoría de jugadores”. Tan sólo desearle toda la suerte del mundo a este excelente jugador y chaval en esta nueva experiencia que espero sea una más de las muchas que le quedan por vivir. Y mi más sincero reconocimiento a él y al resto de compañeros, técnicos, delegados y demás personal que han colaborado en esta gesta.

También podría gustarte Más del autor

hello