Hoy la magia se viste de luto.

Hoy Raül López ha anunciado que se retira a final de temporada. Hoy la magia se viste de luto.

Su cabeza dice vamos pero su cuerpo ha dicho basta. Siempre las lesiones, las malditas lesiones. Con Raül se va uno de los tres mejores vinos de la cosecha de 1980, y sin ningún tipo de duda (al menos para el que escribe) uno de los mayores talentos que ha dado el baloncesto español en los últimos treinta y seis años. Siempre las rodillas, las malditas rodillas.

Hoy no voy a hablar de estadísticas (siempre las frías estadísticas); hoy dejo las fechas y los números a un lado; hoy escribo desde el corazón. Y es que la memoria me empieza a fallar pero las emociones que Raül López ha dejado en mí son eternas.

Raül era, es y será diferente. Raül ha hecho de la (bendita) locura una arte, del descaro una ley, y de la magia una bandera. Raül viene, ve, inventa, y aunque su equipo no siempre vence, el baloncesto y el espectador siempre ganan. It’s a kind of magic.

Raül consiguió que volviera a recorrerme un escalofrío por la espalda, que volviera a arquear los ojos y volviera a abrir la boca hasta casi desencajarla, y hasta consiguió que me volviera un valiente cuando las noches estaban llenas de cobardes. Gracias a él y a su manera de entender el juego, volví a disfrutar del baloncesto. Y es que al fin y al cabo esto es sólo eso, un juego, y la primera norma de todo juego es que debe ser divertido.

Gracias por todos estos años y momentos.

Simplemente gracias.

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