El día que desaprendimos a ganar.

Desaprendimos a ganar, y lo que nos ha costado aprender a perder.

¿Por qué esta mala racha de jugo y resultados? ¿Por qué el equipo no competía como antes? Se podría decir que las siempre mal venidas lesiones, más notorias si cabe en equipos pequeños, habían sido las principales culpables, y la respuesta más sencilla a ambas preguntas. La escasez de jugadores disponibles trastocaban no solo las dinámicas de juego y entrenos, sino que además cargaban física y psicológicamente al resto de una plantilla limitada de por sí. Y eso, tarde o temprano, tenía que notarse en el campo.

Pero las rachas suelen ser pasajeras. Para mí eso no era lo preocupante. Lo verdaderamente preocupante era la sensación de desánimo y duda que empezaba a instaurarse entre buena parte de la afición. Sensación agravada por no solo por los resultados, sino por el juego desplegado por el equipo en los últimos partidos, aderezada por esa cómoda sensación de tenerlo todo hecho. Además, los siempre bien intencionados titulares sensacionalistas y artículos de opinión de un sector de la “prensa especializada”, de esta ciudad, a los que tan tristemente nos tiene acostumbrados, no ayudaban precisamente, sino más bien todo lo contrario.

Eso era lo preocupante. ¿Cómo podía haber llegado la afición a desanimarse y dudar de este equipo?

Por un lado estaba el equipo. Un equipo que en el mes de julio no existía, que en diciembre se había ganado por meritos propios el cartel de “equipo revelación”, en febrero se había clasificado para la Copa del Rey, y que en el mes de marzo, a falta de nueve jornadas para acabar la liga es quinto clasificado. Por otro lado, la afición, sin duda alguna, el mayor activo de nuestro club. Una afición que en el mes de agosto hacía concentraciones para que el equipo no desapareciera, que en septiembre renovaba sus abonos y hacía lo imposible por traer nuevos abonados, que desde que empezó la temporada había respondido a todas y cada una de las iniciativas del club con la única intención de hacerlo crecer, que en febrero llevó más de seiscientas personas a Barcelona para dejarse la garganta, que tiene colapsadas las redes sociales en busca del ansiado patrocinador que de la estabilidad económica tan deseada…no lo entendía. No entendía como ese binomio casi perfecto que había surgido esta temporada entre equipo y afición podía romperse por unos cuantos malos partidos.

Menos mal que a la sexta llegó la vencida. Ahora dudo de las dudas. ¡Que los dudosos vuelvan al rebaño! Este equipo nos necesita a todos y cada uno de nosotros sin excepción.