Ha sido la una copa en la que Pamesa habrá aprendido que para ganarla primero hay que jugarla, lo cual se olvidó de hacer en el preciso momento en el que empezó su partido de cuartos. Mucha naranja para exprimir pero muy poco jugo. Una copa en la que los débiles cimientos del Barcelona sucumbieron ante el incesante
martilleo de una ilusión hecha equipo de baloncesto. Una copa en la que Unicaja vuelve a dejar sensación de nada. Le dieron a elegir al anfitrión y este eligió susto (que no muerte) por lo que otra vez fuera a las primeras de cambio. Al menos su entrenador aprovecharía el fin de semana para ir mirando piso en la capital alavesa. Una copa en la que Gasol (Marc) ha podido comprobar lo duro y “complicado” que es jugar una eliminatoria contra el Madrid. Uno contra cinco es dificil; contra ocho imposible.
Ha sido una copa en la que se ha demostrado que la ilusión por si sola no gana partidos. La misma ilusión que dos días antes tumbaba a ese “equipo” antes conocido como Barcelona, se iba de la copa con una experiencia
más y dos jugadores menos. Demasiado precio a pagar para tan poco resultado. Gracias Bilbao por esta copa. Una copa en la que pudimos ver al Real Madrid perder. Pero hay que saber perder. Y es que en boca cerrada no entran moscas señor Felipe Reyes. El respeto y la admiración se ganan dentro y fuera del campo, y lo que usted gana jugando lo pierde hablando. Gracias a Felipe, por su culpa ha subido el pan. Un consejo de amigo: cuando usted vea que alguien se le acerca con un micrófono en la mano, corra hacia la dirección contraria y no mire atrás.

