Autor: Ángel López

Hoy la magia se viste de luto.

Hoy Raül López ha anunciado que se retira a final de temporada. Hoy la magia se viste de luto.

Su cabeza dice vamos pero su cuerpo ha dicho basta. Siempre las lesiones, las malditas lesiones. Con Raül se va uno de los tres mejores vinos de la cosecha de 1980, y sin ningún tipo de duda (al menos para el que escribe) uno de los mayores talentos que ha dado el baloncesto español en los últimos treinta y seis años. Siempre las rodillas, las malditas rodillas.

Hoy no voy a hablar de estadísticas (siempre las frías estadísticas); hoy dejo las fechas y los números a un lado; hoy escribo desde el corazón. Y es que la memoria me empieza a fallar pero las emociones que Raül López ha dejado en mí son eternas.

Raül era, es y será diferente. Raül ha hecho de la (bendita) locura una arte, del descaro una ley, y de la magia una bandera. Raül viene, ve, inventa, y aunque su equipo no siempre vence, el baloncesto y el espectador siempre ganan. It’s a kind of magic.

Raül consiguió que volviera a recorrerme un escalofrío por la espalda, que volviera a arquear los ojos y volviera a abrir la boca hasta casi desencajarla, y hasta consiguió que me volviera un valiente cuando las noches estaban llenas de cobardes. Gracias a él y a su manera de entender el juego, volví a disfrutar del baloncesto. Y es que al fin y al cabo esto es sólo eso, un juego, y la primera norma de todo juego es que debe ser divertido.

Gracias por todos estos años y momentos.

Simplemente gracias.

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Cuatro en Copas (del Rey).

Del cielo de A Coruña al suelo de Alicante. Del polvo a feira al arroz a banda, y de la tranquilidad de ver una Copa del Rey sin ser de ninguno de los equipos participantes, al nerviosismo y el ansia por contar todo lo visto. Pero no me extenderé demasiado, ya que como dice el refrán, lo bueno si breve dos veces bueno.

Compartir la Copa del Rey con mi padre se había convertido en una pequeña tradicion familiar la cual había tenido que dejar temporalmente a un lado debido a mi reciente y novata paternidad. Y he de confesar que lo echaba de menos.

Una ciudad, cuatro días, ocho equipos, y miles de aficionados unidos y entregados a una misma pasión: el baloncesto. Partidos igualados, sorpresas, homenajes, presentaciones, actividades, pitos, aplausos, emociones a flor de piel…Si después de algo así no eres capaz de engancharte a este deporte definitivamente te doy por perdido.

En cuanto a la ciudad de A Coruña, su gente, su acogimiento, suz servicios y su gastronomía los puedo resumir en dos palabras: Galicia Calidade. Chapeau.

En cuanto a la organización, muchas caras y alguna cruz. Cara en cuanto al espacio de actividades en la Fan Zone, Minicopa, la presentación del libro Historia del Baloncesto en España o los clinics impartidos por entrenadores para todo aquel que quisiera acercarse a aprender. Cruz en cuanto al Coliseum y su organización: pasillos estrechos, aglomeraciones para casi todo, personal poco informado y en consecuencia poco informante, y un calor por momentos agobiante.

En cuanto a las aficiones, tres letras que lo dicen todo en el baloncesto: MVP. Lo siento Gustavo, merecen el premio más que tú.

En cuanto a lo purante deportivo es difícil resumir esta Copa del Rey en un puñado palabras, pero voy a intentarlo:

– Al Valencia le faltó paciencia. La desmesurada clase de Diot y Dubljevic no fueron suficientes.

– Al Barcelona le faltó todo. Navarro se apaga y el Barcelona con él. Un equipo demasiado frío que se derritió en los momentos calientes.

– Al Fuenlabrada le faltó acierto. Urtasun y Paunic hicieron de todo pero no fue suficiente. A Popovic todavía se le espera.

– Al a Obradoiro le faltó cabeza y algo de suerte. Waczynski no tuvo su día y Caloiaro estuvo desaparecido. Algún día se valorará a Juanjo Triguero.

– Al Bilbao le faltó físico. Pesaron más las piernas que la experiencia. Pronto echaremos de menos a Alex Mumbrú.

– Al Baskonia le faltó calma. Sus bases no supieron manejar el partido en los momentos importantes. Hanga, Causeur y Bouroussis por encima del resto.

– Al Gran Canaria le faltó creérselo. Aito es Dios y Oliver es su profeta. Don Alejandro conoce sabe cosas que el resto de los mortales desconocemos, y las comparte con su equipo sobre una pizarra. Danzad, danzad malditos.

– Y al Madrid le faltó alegría en su juego pero le sobró experiencia y oficio para llevarse el título a casa. No existe prenda de ropa que pueda cubrir en su totalidad el diámetro testicular de Llull y Nocioni. Pablo Laso suma y sigue. Muy merecido reconocimiento para Gustavo Ayon como mejor jugador del torneo, omnipresente y determinante en todos los aspectos del juego. Sin duda el mejor pívot a este lado del charco.

Con todo lo dicho, con todas sus cosas buenas y alguna que otra menos buena (soy incapaz de escribir la palabra mala), tengo que decir Copa del Rey de A Coruña ha sido una de las más bonitas y emocionantes de las cuatro que hasta hoy he podido vivir a pié de cancha.

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No es oro todo lo que reluce.

Baloncesto vuelve a escribirse con eñe en el viejo continente. Por si todavía queda algún despistado, somos Campeones de Europa (otra vez, y van tres). Poco más se puede añadir a todo lo dicho y escrito estos días sobre la selección, si a caso algún adjetivo calificativo que por descuido se haya quedado en el tintero. Un último titular: Agachar el culo para levantar la copa. Orgulloso de todos y cada uno de los componentes de este equipo. Sois muy grandes. #SomosEquipo.

Mientras, en el país vecino, los reductibles galos a lo suyo, a ver quien la suelta más gorda. Solo dos cosas: cuando juegues, juega, y cuando pierdas, pierde. Que digan lo que quieran que yo me Río (de Janeiro).

Al otro lado de los Pirineos, los aficionados al baloncesto tenemos las cosas bastante más claras, o no. Y es que los éxitos de las selecciones españolas contrastan con la incoherencia que rige en los dos grandes estamentos del Baloncesto español, donde la religión del sentido común sigue sin ser mayoritaria. Y para muestra, estos dos botones.

La ACB se pierde en su propio orgullo. Bajo el nombre de segunda mejor liga del mundo, sin alicientes deportivos y carente de ingresos suficientes para mantener un negocio de venta de humo que ni si quiera cubre gastos, la ACB encomienda su futuro a un escaparate decorado con nombres llamativos e inútiles estadísticas ajenas a la competición y con denominación de origen Marca España. Mientras, puertas adentro, hace y deshace a su eurogusto y capricho, acumulando un ya ingente número de despropósitos con el beneplácito de los clientes habituales. Una liga anacrónica y desfasada que urge cambios en todos sus ámbitos.

La FEB, ebria de tanto título nacional, se ahoga en su propio éxito mientras hace oídos sordos a las continuas llamadas de socorro. Más pendiente del rojo y gualdo que del significado de sus propias siglas, hace años que dejó sus competiciones rotas y a la deriva en pos de una generación Ñ tan buena como caduca. Pero una foto vale más que mil palabras. Al otro lado de la cámara, los equipos que componen las ligas LEB, cómplices necesarios en este lento hundimiento, se tiran de los pelos y lanzan un grito mudo al cielo, mientras siguen achicando agua con la esperanza de llegar a tierra firme, y conseguir así la parte alícuota de un tesoro de leyenda. Y es que el mejor truco de la FEB fue hacer creer que la ACB existía.

El baloncesto español a nivel de clubes tiene un problema y serio, pues no es oro todo lo que reluce, pese a que este último nos ciegue durante un tiempo.

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Play with time. Jugamos con el tiempo.

En un partido de baloncesto de cuyo nombre no quiero acordarme, el entrenador del equipo que en ese momento iba por delante en el marcador, en un inglés tan académico como para que un servidor pudiera entenderlo, terminaba un tiempo muerto con la siguiente frase: “play with time” (jugamos con el tiempo).

El entrenador obviamente pretendía apurar al máximo las posesiones para, en caso de no estar acertados cara al aro, no dar opción al rival para una más que posible remontada. Pues bien, esa inocente frase hebía empezado a golpear las paredes de mi cabeza provocándome una rara sensación de ansiedad. ¿Qué estaba haciendo con mi tiempo? ¿Lo estaba perdiendo o me lo estaban robando? ¿Estaba jugando yo con él o él conmigo?

Me acababa de dar cuenta que hacía meses que no sabía nada de mi tiempo. Mi tiempo había desaparecido.

Después de diez minutos y una prórroga mi cabeza no lograba recordar donde había podido ir a parar todo ese tiempo, por más vueltas que le daba al coco seguía sin encontrar una respuesta, y lo peor de todo es que las pocas que parecían tener sentido común me situaban como principal sospechoso de su pérdida, lo cual hacía aumentar esa rara sensación de ansiedad. No me quedaba otra opción, tenía que buscar otros posibles culpables. Empezaría por los sospechosos habituales.

Sentada a la izquierda del padre, la madre. Mi mujer acababa de volver de la cocina con un café, y mientras se sentaba miraba fijamente la televisión tratando de entender en qué momento Telecinco había decidido interrumpir la emisión del programa Sálvame para retransmitir un partido de baloncesto entre equipos de nombres tan desconocidos como impronunciables. Yo, sin decir palabra y evitando cruzar la mirada con ella, repasaba las pruebas y los argumentos que utilizaría para acusarla por la desaparición de mi tiempo.

Tres canastas, dos faltas personales, y un ¿qué canal estamos viendo? más tarde, decidía no imputarla por varias razones. Mi mujer nunca me había quitado más tiempo del conyugalmente exigible y, si me estaba callado igual podía terminar de ver el partido, podría ver el que hacían un poco más tarde, y mantendría los privilegios adquiridos de jugar “la pachanga de los martes” y seguir yendo cada quince días a ver jugar al equipo de mis amores, y todo ello sin ningún tipo de contraprestación adicional.

Descartada mi mujer debía continuar con mi búsqueda de culpables.

Tumbado a la derecha del padre, el hijo. Hacía cinco meses que había sido padre. Mi hijo estaba mirando con la televisión con apreciable desinterés mientras luchaba por no dormirse. Atrás quedaba una entretenida y agotadora tarde en la padre e hijo habíamos comido, cambiado, jugado, llorado, dormido, despertado, llorado, comido, cambiado, jugado, llorado…vamos lo habitual, más desde que mi mujer volvió al trabajo.

Si analizabas los hechos no había que ser muy listo para darse cuenta que la mayor parte del tiempo que tanto añoraba se lo había apropiado, debida o indebidamente, ese pequeño ladrón de corazones que justo antes de cerrar los ojos me lanzaba una sonrisa. Todas las pruebas apuntaban hacia ese asesino ruidoso que desde hacía cinco meses se había adueñado de nuestras vidas. Ya tenía culpable. Y solo dos canastas y una técnica más tarde.

Pero bien es sabido que la justicia no es igual para todos, por mucho que quieran hacernos creer lo contrario. No era capaz de acusar a mi propio hijo. Primero porque por fin había conseguido que se durmiera; segundo porque no quería enfrentarme con su abogada, la cual seguía sentada a mi izquierda, y con la que ya había perdido demasiados juicios; y tercero y más importante, porque si algo tenía claro es que todo el tiempo que me robara mi hijo nunca iba a ser tiempo perdido.

Final de partido.

La cara del entrenador del equipo que hacía diez minutos iba por delante reflejaba una mezcla de incredulidad y cabreo, muy parecida a la que tenía mi mujer al principio de esta historia. Su equipo había perdido. El tiempo había jugado con ellos. Tenía que haber sabido que jugar con el tiempo no es cosa de dos. Solo el tiempo juega contigo. A veces a favor, a veces en contra, él decide. Nadie nunca podrá jugar con el tiempo, pues por mucho quieras él sencillamente pasa.

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Spleiss Jam

¿Os acordáis de Space Jam? Pues bien, al igual que a Charles Barkley, Patrick Ewing, Muggsy Bogues, Larry Johnson y Shawn Bradley, a mí me robaron mis (pocas) habilidades. A mí, y a Tibor Pleiss. Y en mi caso, no solo hablo de las baloncestísticas, las cuales dudo que haya tenido en algún momento, si no de las de compartir ratos de vida y baloncesto.

Voy a enumeraros a los cinco bandidos que robaron las mías:

Nuevo equipo/proyecto. En 2012 empezaba el desencanto con el Lucentum de mis amores. Ese año, y pese al éxito deportivo del equipo (Copa del Rey y Play Off por el título), la vida del Lucentum Alicante empezaba a apagarse. La nefasta gestión club durante años y la inestabilidad económica acabarían por dejar al borde del abismo a un equipo y una afición, que a día de hoy lucha por subsistir de la manera más digna posible. Ilusión y trabajo no falta.

Nuevos sistemas. El trabajo. Bendito trabajo. Y hasta aquí puedo leer (escribir), porque tristemente y a día de hoy, decir que uno tiene trabajo es un lujo.

Nuevos compañeros, nuevos roles, menos minutos de juego. La que hasta entonces era mi novia pasaría a ser mi mujer, y donde éramos dos, al poco tiempo pasamos a ser tres, con todo lo que eso conlleva (los papás casados saben de los que hablo).

Y aunque desconozco los cinco adorables monstruos espaciales que le robaron las habilidades al bueno de Tibor, ahora que me doy cuenta, no debían distar mucho de los míos: nuevo equipo/proyecto, nuevos sistemas, nuevos compañeros, nuevos roles y menos minutos.

En la película Michael Jordan era quien recuperara las habilidades de sus compañeros. En mi caso han sido mi “nuevo equipo” (parece que después de mucho tiempo las cosas empiezan a hacerse bien en el Lucentum) que ha hecho que vuelva a ilusionarme con el baloncesto, y mis “nuevos compañeros”, pues pese a mi nuevo rol y mi falta de minutos de juego, han hecho que mi juego sea mucho más alegre. De los nuevos sistemas mejor no hablar.

Y en el caso de Pleiss…como toda buena película, espero que tenga un final feliz.

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A la afición del Lucentum no le quedan mejillas que poner.

Día uno después del cristo. Una vez sometido mi calentón inicial a temperaturas bajo cero, me gustaría dar mi opinión sobre la Campaña para el Play Off propuesta por el club, y sobre otros comportamientos por parte del mismo, a raíz de ésta, que no me han gustado demasiado, y con las cuales me gustaría mostrar mi desacuerdo.

En primer lugar, soy de la opinión de que la campaña en si es un auténtico despropósito, tanto por las formas, como por el fondo.

No me ha gustado la forma de vender el play off. Desde mi entender se podía haber vendido esta campaña de muchas otras maneras (Día del club, precio simbólico, 50% para abonados, con una entrada se regala otra, descontar el precio del abono del año siguiente, etc…), para que, si bien fuera necesario (que lo es) que el abonado hiciera un último esfuerzo económico, no diera la sensación que siempre son los mismos los que pasan por el aro, recibiendo poco o nada a cambio. Como ya he comentado con varias personas, la afición ni es el problema, ni debe ser la primera solución a la urgente situación económica del club, y menos en un año en el que la afición del Lucentum (que aunque no nos guste es limitada y está exprimida) ha colaborado en la medida de lo posible, e incluso a veces por encima de sus posibilidades, tanto social como económicamente, a todas y cada una de las iniciativas lanzadas desde el club, y otras muchas nacidas de los mismos aficionados (Manifestándose por la no desaparición, abonos, siguiendo al equipo en la Copa Generalitat, en la Copa del Rey con la compra de su pack correspondiente, comprando merchandising tanto en tienda como en sendas ferias outlet, expandiendo la imagen y el nombre del club por redes sociales, movilizando dichas redes en busca de patrocinador…) . A la afición del Lucentum no le quedan mejillas que poner.

No me ha gustado ni el precio de las entradas (escasa diferencia entre abonados y no abonados), ni ciertos tratos de favor, ni la idea de “renovación de abonos express”, la cual vuelve a favorecer más a los nuevos abonados que a los veteranos, y no deja otra impresión de la de una idea poco trabajada. Mi padre siempre me ha dicho que las prisas son para delincuentes y malos toreros, por lo que esta campaña de renovación y venta de abonos improvisada, cuando de todos es sabido que a día de hoy la continuidad del club no está asegurada, pues muy a nuestro pesar pesa más el saco de contras (el concurso de acreedores, el informe del administrador, la Generalitat que promete pero que no mete, el patrocinador fantasma…) que el de los pros, me parece cuanto menos desacertada.

No me ha gustado la manera el mail con el que club ha contestado a las quejas de algunos abonados, pues lo he visto algo arrogante, pero lo que no es entendible es el trato que por parte del club se le ha dado a las quejas de los aficionados en las redes sociales (hablo por facebook), borrando todo tipo de comentarios que mostraban su desacuerdo con la campaña. Pude leer varios de los comentarios que posteriormente fueron borrados y ninguno de ellos incurría en insultos u ofensas tales como para ser eliminados. Y si alguno de ellos pudiera haber ofendido o herido la sensibilidad de alguien en el club hay otras formas mucho menos caciqueras de hacer frente a las críticas. La libertad de expresión es un derecho que debería tomarse un poco más en serio.

No me ha gustado que se ponga al equipo como escudo contra las quejas. Los jugadores y cuerpo técnico no tienen nada que ver en esta polémica entre afición descontenta con una determinada (que no toda) actuación por parte del club. Decir que “el equipo no se merece esto” es una obviedad, y todos estamos de acuerdo en esto, pues el rendimiento profesional y deportivo salta a la vista. Con estas protestas, los que no estamos contentos solo queremos hacer llegar a la directiva que “la afición tampoco se merece esto”.

Como consecuencia de todo este cúmulo de desaciertos (siempre desde mi punto de vista, claro está), en este momento me llena una sensación de desencanto con el club, por lo que seré uno de los muchos aficionados que ha decidido no asistir al próximo partido de play off como medida de protesta. Se que igual muchos pensaréis que es una tontería, pero para mi, y junto con esta queja en forma de artículo, es la manera más racional que se me ha ocurrido para hacer llegar mi descontento a un club al que durante más de diez años le he dedicado mucho tiempo y dinero.

Si nuestro presidente es siempre el primero en decir que la afición de alicante es inteligente, debería también ser el primero en darse cuenta de que el descontento causado en parte de la masa social, es en parte por que un sector de esa afición ha visto como se pone en duda dicha inteligencia.

Por mi parte nunca pondré en duda las intenciones del club, dando por hecho que son las mejores para los intereses de la entidad, pero en este tema, insisto, creo que se han equivocado con creces. Y que muy a mi pesar (y no dentro de mucho tiempo, muy a su pesar) estas actuaciones van a tener consecuencias negativas para el club. Espero equivocarme.

Siempre Lucentum.

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El día que desaprendimos a ganar.

Desaprendimos a ganar, y lo que nos ha costado aprender a perder.

¿Por qué esta mala racha de jugo y resultados? ¿Por qué el equipo no competía como antes? Se podría decir que las siempre mal venidas lesiones, más notorias si cabe en equipos pequeños, habían sido las principales culpables, y la respuesta más sencilla a ambas preguntas. La escasez de jugadores disponibles trastocaban no solo las dinámicas de juego y entrenos, sino que además cargaban física y psicológicamente al resto de una plantilla limitada de por sí. Y eso, tarde o temprano, tenía que notarse en el campo.

Pero las rachas suelen ser pasajeras. Para mí eso no era lo preocupante. Lo verdaderamente preocupante era la sensación de desánimo y duda que empezaba a instaurarse entre buena parte de la afición. Sensación agravada por no solo por los resultados, sino por el juego desplegado por el equipo en los últimos partidos, aderezada por esa cómoda sensación de tenerlo todo hecho. Además, los siempre bien intencionados titulares sensacionalistas y artículos de opinión de un sector de la “prensa especializada”, de esta ciudad, a los que tan tristemente nos tiene acostumbrados, no ayudaban precisamente, sino más bien todo lo contrario.

Eso era lo preocupante. ¿Cómo podía haber llegado la afición a desanimarse y dudar de este equipo?

Por un lado estaba el equipo. Un equipo que en el mes de julio no existía, que en diciembre se había ganado por meritos propios el cartel de “equipo revelación”, en febrero se había clasificado para la Copa del Rey, y que en el mes de marzo, a falta de nueve jornadas para acabar la liga es quinto clasificado. Por otro lado, la afición, sin duda alguna, el mayor activo de nuestro club. Una afición que en el mes de agosto hacía concentraciones para que el equipo no desapareciera, que en septiembre renovaba sus abonos y hacía lo imposible por traer nuevos abonados, que desde que empezó la temporada había respondido a todas y cada una de las iniciativas del club con la única intención de hacerlo crecer, que en febrero llevó más de seiscientas personas a Barcelona para dejarse la garganta, que tiene colapsadas las redes sociales en busca del ansiado patrocinador que de la estabilidad económica tan deseada…no lo entendía. No entendía como ese binomio casi perfecto que había surgido esta temporada entre equipo y afición podía romperse por unos cuantos malos partidos.

Menos mal que a la sexta llegó la vencida. Ahora dudo de las dudas. ¡Que los dudosos vuelvan al rebaño! Este equipo nos necesita a todos y cada uno de nosotros sin excepción.

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Me sobran los motivos.

Por cada temporada, cada jornada, cada partido, cada equipo, cada entrenador, cada jugador, cada canasta, cada rebote, cada grito, cada victoria, cada derrota, cada alegría, cada decepción…por cada balón, cada camiseta, cada par de zapatillas, cada pachanga, cada risa, cada risa, cada cabreo…por cada palabra, cada frase, cada artículo, cada opinión, cada crítica, cada consejo, cada discusión…por cada viaje, cada ciudad, cada experiencia, cada recuerdo, cada afición, cada pabellón…por cada persona, cada conocido, cada compañero, cada amigo…por todos y cada uno de los momentos que me ha dado el baloncesto, solo por eso merece la pena volver.

Hola de nuevo, familia.

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Un momento, que la están peinando.

Esa frase se ha escuchado en mi casa desde que tengo conocimiento (más de lo que algunos pensáis) cada vez que cualquier cosa iba a tardar un poco más de lo previsto. Y en esas estamos ahora mismo. Desde el final del Eurobasket he estado trabajando en un nuevo diseño/imagen más acorde con el cambio de rumbo (menos página de información, más blog de opinión) que ha tomado la web desde mi reentrada allá por marzo de este año, y parece (espero y deseo) que para la semana que viene ese trabajo de sus frutos. Sera a partir de entonces cuando vuelva a compartir con todos vosotros mi particular/curiosa/rara/personal forma de ver el baloncesto. Un abrazo.

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Oro parece, plata no es.

España 98, Francia (la de verdad) 85.
Resumen del partido: BA-LON-CES-TO! Con todas sus letras y en mayúscula.
A los amigos franceses: cuando juegas contra España no te dejas ganar, simplemente pierdes.
Es curioso, hoy me está costando más que nunca escribir estas líneas…no me quiero dejar a nadie…Pau: sin tí no soy nada; Ibaka: el único que puede decir que se ha dejado los cuernos. Cinco tapones en 3,43 minutos…mami que será lo que tiene el negro!; Victor Sada: o como jugar con la misma intensidad un minuto, cinco, diez, una final de un Eurobasket o un partido de solteros contra casados; Calderón: agradecido y emocionado, solamente puedo decir, gracias por venir; Felipe Reyes: España entera quiso que fueras tú quien levantara la copa de campeones…todos los días sale el sol, felipón!; Rudy: la intensidad elevada al cuadrado; Marc: enorme en todos los sentidos; Llull, Ricky, San Emeterio, Claver, Scariolo y todo su cuerpo técnico (con sus virtudes y sus defectos, los cuales obvio hoy por que el oro me ha cegado, pero que no sirva de precedente)…y un nombre por encima del resto: Juan Carlos II Rey de España y MVP de Lituania.
Hoy sobran las palabras, pero solo diré tres: CAMPEONES DE EUROPA.
PD. Quiero y deseo que este año sea Juan Carlos Navarro quien pronuncie el discurso de Navidad.
PD2. Pau+Navarro+Reyes: Siete medallas para tres hermanos.
PD3. El Eurobasket empezó el día treinta y uno de agosto…dieciocho días después los de Caser siguen sin haberle reparado la gotera a Marc.

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